lunes, 12 de agosto de 2013

de tabaco y oro

joven
frente al precipicio
¿puedes ver tu propio rostro en el cielo?
yo también tuve que herirme para llegar al abismo
y mis heridas también sangran como las tuyas
como telas suaves
como jardines delicadamente cultivados,
entonces no quiero recordar.

mi vida puedo ver
tus manos y las mías y reconocer una verdad:
por fin recobraremos la luz al final de este camino y será hermoso
frente a frente con el toro yo tampoco sabría qué decir
pero ¿cómo pudimos perderla?

no nos costará este último tramo de la montaña
y  nuestra sangre correrá sobre nosotros como cabellos humedos
nunca podrán conocerla
los peces nadarán en ella y de ella beberán los pájaros
la muerte permanecerá y también permanecerá la vida
y renacerán flores de las piedras donde se haya secado nuestra sangre.