con el corazón anaranjado y caliente,
cualquier hombre que tenga dios sabe mirar los dias azules
muy hundidos en la ciudad y tan lejanos al hombre,
desde las ventanas de su espera
un corazón que late gritando,
me llega
y así me siento a decir muchas veces:
esperaré a que te abras como las flores
para llegar,
para entrar,
como las lluvias de primavera
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